lunes, 15 de febrero de 2016

"Eduardos" (Por D. Félix Ruíz Cardador, periodista del Día de Córdoba)

**Me ha causado gratísima impresión el artículo de opinión escrito por D. Félix Ruíz Cardador, periodista del diario El Día de Córdoba, en el que hace referencia a mí y que extiende a otros muchos entrenadores y profesiones. Creo que el autor es natural de Pozoblanco y su mención al respecto se refiere al periodo 1992-96, en el que tuve la suerte de disfrutar de un magnífico equipo, una gran directiva y una afición "taruga" que es de lo mejor que me he encontrado en mi carrera deportiva. ¡Muchas gracias D. Félix! 
"Eduardos"
EDUARDO es un entrenador de baloncesto cordobés. Este fin de semana, en su muro de Facebook, ha anunciado que se jubila, porque la edad, tan jodía ella, no perdona y la salud con los años se resiente. "Todo lo que empieza acaba", ha dicho, y con ello ha puesto punto final de una forma sencilla a una trayectoria en los banquillos que comenzó en los 70 y que lo ha llevado a ejercer como técnico en las categorías inferiores, en el basket femenino y en ligas tan exigentes como la EBA. 
Varios municipios de la provincia y decenas y decenas de jugadores gozaron de ese magisterio y yo soy uno de los espectadores, loco de este deporte, que durante una época, allá por los 90, lo pase pipa con uno de sus equipos, al que yo seguía y que jugaba de cine. "No he sido un entrenador famoso, pero sí un currante a destajo", explicaba en su post Eduardo, y yo le diría que lo primero es discutible y de lo segundo ni se duda. Y en todo caso, ¿a quién carajo le importa la fama si le queda la gloria del magisterio intachable en lo deportivo y en lo humano junto al limpio placer del trabajo bien hecho? 
Me recuerda la historia de Eduardo al título del último libro de Juan Cobos Wilkins, que ya está en las librerías bajo el nombre de El mundo se derrumba y tú escribes poemas. Parafrasea una canción del cubano Silvio Rodríguez, pero refleja una realidad que va más allá del presunto derrumbe que este tiempo nuestro. Porque el mundo, desde que es mundo, siempre se derrumba con cada generación que va enfrentándose a los amargores de la vida, pero aún así hay gente que persevera en sus pasiones y transmite su amor por la existencia. Profesores entregados en las escuelas, periodistas modestos que despiertan vocaciones, actores de humildes compañías, escritores locales a los que el joven emula, pequeños y honrados empresarios, entrenadores de categorías base, médicos de familia concienzudos, músicos, artesanos y una legión de gentes que mantienen en pie la nao de la civilización mientras alrededor los bárbaros, no pocos de ellos con corbata y palurdo afán moralizante, rapiñan, matan y apestan con su aliento cada amanecer. 
Este artículo va dedicado a ellos, a los muchos "eduardos" que seguro me leen y en especial a este Eduardo, de apellido Burgos, que deja las canchas pero cuyo recuerdo quedará indeleble en centenares de personas mientras vivan. Quizá no sea la suya la gran fama del papel couché y la televisión, pero no creo que sepan mejor esos aplausos dudosos que el respeto ganado a pulso y la perpetua consideración.
Artículo escrito por D. Félix Ruíz Cardador (periodista del Día de Córdoba)

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